24 de Mayo de 2017
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Actualidad 06 de Noviembre de 2015

Visión estratégica, "agrointeligencia" y la crisis de la lechería

"En pocos años, la lechería uruguaya pasó no solo a ser exportadora, sino que se transformó en la más competitiva del mundo, en base a la eficiencia de su fase primaria."

Actualidad 06 de Noviembre de 2015

Visión estratégica, "agrointeligencia" y la crisis de la lechería

"En pocos años, la lechería uruguaya pasó no solo a ser exportadora, sino que se transformó en la más competitiva del mundo, en base a la eficiencia de su fase primaria."

Montevideo- Juan Peyrou- TodoElCampo- La evolución de la lechería en las últimas décadas del siglo pasado, es un importantísimo ejemplo de transformación conducida por líderes genuinos.

Hasta fines de los setenta, la lechería uruguaya era un sector orientado exclusivamente al mercado interno. Las condiciones técnicas y políticas no permitían un fluido comercio de lácteos y establecían de por sí una forma de protección, pero además en el país se la incluyó en el grupo de producciones “a proteger”, no solamente desde el punto de vista arancelario, sino también en el apoyo concreto con la fijación del precio de la leche destinada al consumo pasteurizado.

La producción no alcanzaba para satisfacer el mercado de leche pasteurizada durante todo el año, y frecuentemente debía recurrirse a la importación de leche en polvo para, una vez reconstituida, complementar la insuficiente oferta de leche fresca.

Pero a mediados de los setenta, se inició un proceso extraordinario, que transformó este sector en un fuerte exportador en pocos años. Un conjunto de empresarios liderados por una figura aun no debidamente reconocida en nuestro país, como Don Antonio Mallarinoencararon este desafío de transformación. 

Esta estrategia del crecimiento, fue fuertemente cuestionada por mucho de los productores lecheros, que veían que el crecimiento de la producción iba a terminar volcándose a un mercado internacional, donde se practicaban precios sensiblemente inferiores al mercado interno, que tenía grandes distorsiones, y que ello conduciría a una reducción del precio al productor.

Don Antonio enfrentó esas objeciones, sosteniendo que si bien eran ciertas, había una herramienta para superarlas, y ella era el cambio tecnológico, que se traduciría en una reducción en el costo de producción del litro de leche. Y fue así, que promovió la incorporación de tecnología desde “su” Conaprole, con un éxito demoledor. En pocos años, la lechería uruguaya pasó no solo a ser exportadora, sino que se transformó en la más competitiva del mundo, en base a la eficiencia de su fase primaria.

Uruguay era capaz de producir leche al menor precio del mundo, con menor estacionalidad que la de Nueva Zelandia -genuinamente tomada como ejemplo- y  crecer aun en los escenarios de mercado más adversos. Se superó la crisis de 2002/03, cuando el precio de la leche de industria llegó algún mes, a pagarse a seis centavos de dólar por litro.

Eso sí, nunca pudo, desarrollar y crecer en base al agregado de valor a una materia prima tan barata y de muy buena calidad. Cada hora de trabajo uruguayo que la leche soportaba dentro de la industria láctea (todas), generaba un producto menos competitivo. Cuanto más elaborado, peor. En todas las ramas de la economía uruguaya pasa eso, pero es “harina de otro costal”.

En 2006/07 pareció que se acababan para siempre las penurias de los precios bajos, y el mundo pagó por las materias primas lácteas, precios que permitieron una retribución inimaginable de la leche al productor. Se igualaron los precios con Estados Unidos, que tradicionalmente eran 2, a 2.5 veces más altos que aquí. Se soltaron las campanas al viento, y como en otras actividades, estos altos precios impidieron ver el deterioro de la competitividad que se venía procesando en el país, como un tumor maligno.

Lo sorprendente es que ya en 2012, cuando los lácteos alcanzaron los mayores precios de la historia, la producción uruguaya dejó de crecer. La tasa de crecimiento anual que a comienzos de 2012 era del 22%, en marzo de 2013 se hizo negativa, como la de los principales competidores, pero a partir de marzo de 2014, la producción de leche en Uruguay, retoma y profundiza una caída, que a setiembre de 2015 se ubica en un -3.6%, mientras que los demás se mantienen en tasas positivas.

Es decir, que los otrora menos eficientes, están siendo capaces de aumentar su producción aun, a los bajos precios actuales, mientras que la lechería uruguaya parece no soportarlos. Esto es una muestra más de la magnitud del deterioro de la competitividad de la economía uruguaya, cuando sus sectores más exitosos muestran esta realidad. 

El problema es que además del impacto negativo de estos factores, que afectan a todo el sector exportador, la lechería carga con problemas específicos derivados de la política comercial. Mientras los competidores, Nueva Zelanda, Estados Unidos y Europa, por ejemplo, han avanzado y avanzan en procesos de acuerdos comerciales que implican el acceso de sus productos a países consolidados y dinámicos y bajan sus costos de producción, Uruguay no ha hecho prácticamente nada en este terreno, y lo poco que ha hecho es con mercados de extrema fragilidad, como Venezuela y Brasil. Allí los lácteos uruguayos lograban condiciones de acceso que implican precios muy superiores a los practicados en el mercado internacional (en el caso de los quesos, llegaron casi al 60% de “premio” en Venezuela). 

Como era previsible, estas economías han entrado en problemas graves o gravísimos, y ello ha repercutido en forma extrema en las ventas de lácteos. Es decir que los lácteos uruguayos, no solamente sufren la caída de las referencias de los precios internacionales, sino que además pierden las “ventajas” que tenían en el acceso a los mercados del MERCOSUR, evidenciando una desesperante incapacidad de los gobiernos en términos de visión estratégica.

Una forma más de ver el país “agrointeligente” en el que tanto se insiste: al momento de escribir esta columna, se anuncian por la prensa problemas en el sistema definido y anunciado con euforia por el MGAP hace tan solo dos meses, para facilitar el comercio con Venezuela.

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