30 de abril de 2017
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Pedro Bordaberry 28 de noviembre de 2016

Violencia en el deporte: no se puede seguir tolerando esto

Al desertar el Ministerio del Interior en cumplir con su tarea de dar seguridad en los estadios, los violentos ven el campo propicio para procurarse dinero en mala forma.

Pedro Bordaberry-Montevideo/El Telescopio*/TodoElCampo – Al principio fue una competencia entre dos equipos.

Eran rivales, no enemigos.

Ambos querían ganar, obviamente, pero no eliminar al contrario.

Hoy hay violencia en las tribunas y fuera de ellas. Homicidios, balaceras, golpes y corridas.

¿Cómo se llegó a esto?

La evolución y la decadencia ha sido constante.

Al principio los espectadores concurrían a ver como su equipo competía y lo alentaban. Gritaban por él y disfrutaban de los triunfos.

Luego se dieron cuenta que además de alentar al propio podían presionar con sus gritos y cantos al rival.

Presión que se hacía sentir en mayor medida si el contrario era visitante.

De ahí pasaron a presionar también al Juez.

Silbidos, gritos de desaprobación, y hasta algún elemento que se arrojaba servían para tratar de influir en el arbitro, la hinchada rival y el equipo contrario.

Pero eso no pareció ser suficiente.

Del aliento al equipo propio pasaron a las exigencias.

Personajes, barras bravas e hinchas comenzaron a presionar también con sus gritos y cánticos al equipo propio.

El hoy no podés perder, ponga huevo que tenemos que ganar, etcetera, poblaron las tribunas propias.

Algunos barras se hicieron presentes en los entrenamientos, entablaron contacto con los jugadores, técnicos y directivos.

Exigían mayor esfuerzo y entrega.

Luego esas exigencias se transformaron en pedidos de entradas a los partidos, pasajes para ver al equipo en el exterior y otros beneficios.

Los que se negaban debieron soportar los insultos, gritos en contra y las campañas negativas.

Hoy la situación ya es insoportable.

Le gritan al rival, insultan al árbitro, presionan a los jugadores y dirigentes propios y, además, lucran con el deporte.

Al desertar el Ministerio del Interior en cumplir con su tarea de dar seguridad en los estadios, los violentos ven el campo propicio para procurarse dinero en mala forma.

Dominan la tribuna y lucran con ese dominio.

Manejan la venta de droga a vista y paciencia de muchos. Cobran para que se pueda acceder a los baños.

Exigen mercadería o dinero a los que venden alimentos o bebidas.

Presionan en las entradas exigiendo dinero que dice ser para comprar entradas a las que acceden por otras vías.

Cobran compulsivamente mucho dinero a los que estacionan sus autos en las cercanías de los estadios.

Dominan la venta de merchandising en los alrededores de los campos de juego.

Aprovechan los festejos por la obtención de campeonatos o aniversarios de los clubes para saquear comercios.

En algunas ciudades de Argentina hasta cobran un peaje por acercarse a los estadios.

Se ha dado un proceso de feudalización donde modernos señores feudales mandan dentro de las tribunas y fuera de ellas.

Imparten su propia justicia y en su Código Penal tienen prevista hasta la pena de muerte. La aplican bajo los rótulos de “ajuste de cuentas“ o “peleas entre bandas por quedarse con el control“.

Así llegamos a homicidios de jefes y referentes de las hinchadas. A balazos dentro de los estadios.

Al reconocimiento de los dirigentes y hasta del propio Director Nacional de Policía de que no pueden controlar muchas de las actividades que estos delincuentes desarrollan.

Los primeros sufren amenazas.

El Ministerio del Interior se niega a ingresar a los estadios y con ello renuncia a dar seguridad al ciudadano honesto que concurre a ellos.

La situación a la que hemos llegado es insostenible y exige soluciones concretas y prontas.

Para ello se conformó esta semana en el Senado de la República una Comisión especial sobre la violencia en el Deporte y el Deporte en general.

La misma primero investigará, recopilará información y llegará a conclusiones.

Con ellas propondrá normas legislativas y acciones concretas para salir de esta lamentable situación en que nos encontramos.

La hora así lo exige.

(*) Columna de Pedro Bordaberry escrito el sábado 26 y publicado el domingo 27 en El Telescopio.

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