18 de Diciembre de 2017
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Actualidad 04 de Mayo de 2017

El Paisano

Julián y Dora. Una historia de crecientes, ganado, decisiones y campo.

Actualidad 04 de Mayo de 2017

El Paisano

Julián y Dora. Una historia de crecientes, ganado, decisiones y campo.

María Rielli - Durazno - TodoElCampo- Había estado lloviendo el día anterior, toda la noche y hasta esa mañana. Julián, un paisano alto, flaco y desgarbado, de brazos largos, joven y baqueano, había puesto todo el ganado de la estancia al resguardo de la creciente del arroyo de campo afuera.

Desmontó y desensilló despacio, cansado.

Entró a la cocina, pensativo, besó a Dora, su mujer, y ella vio su preocupación. Dora puso la mesa para el almuerzo, mirándolo de reojo. Lo conocía bien y sabía que algo se traía. Comieron en silencio.

-  Allá en la Codobesita hay una punta de novillos atrapados en la creciente  - “La Cordobesita” era la estancia lindera a la que ellos cuidaban.

 

Le dijo a su mujer que no iba a dejar a esos animales a su suerte.

-  ¿Te animás a acompañarme? Llevá el teléfono y si me pasa algo pedís ayuda.

Dora asintió con la cabeza y salieron al campo.

 

El corazón de Dora se salía de su pecho cuando llegaron al lugar. Tenía miedo por Julián, pero sabía que no lo podría persuadir.

 

Julián, descalzo y con las bombachas camperas remangadas, estaba decidido a tirarse a la creciente. A unos quinientos metros se veían los novillos apretujados, la corriente los había arrinconado en una esquina del campo.

 

El paisano le sonrió a su mujer para tranquilizarla.

-  No tengas miedo, que yo soy bueno pal agua.

Poniéndose las tijeras de cortar alambres se tiró al arroyo, nadando contra corriente hasta llegar al alambrado, donde apenas asomaban la punta de los piques. Prendido de los alambres, luchando contra las ramas y la resaca, llegó hasta los animales, que balaban como locos y tenían los ojos saltados del miedo. Tenían las patas metidas entre los alambres.

 

Julián sintió un sudor frío en la espalda. Si los liberaba, ¿cómo haría para que no lo pasaran por arriba?

 

Desechando su miedo se quitó las tijeras de la boca, tomó aire y se sumergió. Con una mano se sostenía de un poste y con la otra cortaba el hilo de más abajo. Salió a respirar y volvió a bajar para cortar el siguiente, y el siguiente.

Dora lo miraba de lejos con angustia y admiración.

 

Cuando cortó todos los alambres, los animales salieron de la trampa en la que estaban, y Julián volvió donde Dora.

 

***

 

A la semana llegó a su estancia el dueño de La Cordobesita, enojado y diciendo a gritos que le habían querido robar el ganado.

-  ¡Me cortaron todos los hilos del alambrado! -  Acusaba a gritos.

Julián explicó todo sobre cómo salvó a los novillos de morir ahogados.

El hombre, furioso, lo siguió acusando.

-  ¡Los hubieras dejado morirse! ¡Me va a salir un ojo de la cara arreglar el alambrado!

 

Cuando se fue, el paisano miró a su mujer. Dora se le acercó y lo tomó del brazo. Él se encogió de hombros y la abrazó.

-  Total, si yo lo hice por los animales.

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